En noviembre de este año, la Universidad Complutense de Madrid organiza un congreso de Ciencias de las Religiones. En principio, presento una comunicación sobre la extensión del evangelismo en España de la mano de la inmigración latinoamericana, tomando como ámbito de estudio el madrileño distrito de Usera.
Resulta que en este distrito, conocido por la presencia de una comunidad china que tapa un galopante proceso de gentrificación, hay más iglesias evangélicas que templos católicos, además de estar más concurridos y por una feligresía sensiblemente más joven que la católica. A futuro, si esta comunicación da para más, habrá que estudiar si las segundas y terceras generaciones de inmigrantes sufren un proceso de “asimilación religiosa” y, como el resto de la sociedad española, se secularizan como sus coetáneos españoles.
El proceso de expansión del
evangelismo por América Latina ha sido objeto de una
amplia literatura científica. También la implicación política de los
evangélicos en la política de cada una de las naciones latinoamericanas.
La extensión de las iglesias
evangélicas fue apoyada desde los Estados Unidos, generosamente regado de
dólares. Conocido es el hecho de que, a comienzos de los ochenta, la teología
de la liberación había ganado fuerza y se había constituido en una fuerte
oposición a los intereses norteamericanos en la región. La represión fue una de
las vías utilizadas para frenarla. El asesinato del conservador Óscar Romero
sirve de ejemplo. La otra, la que hemos mencionado: extender unas formas de
cristianismo, socialmente conservador cuando no reaccionario, que sirviera de
freno a la teología de la liberación, nacida en el ámbito católico.
Teológicamente estas iglesias son
muestras de pensamiento débil. Los matices teológicos se dejan de lado, para
poder establecer alianzas entre las diferentes iglesias. Pero esto también
permite que personas que no tienen una adscripción eclesial se sientan
identificadas con el evangelismo teológicamente difuso. Más que un corpus de
creencias es un conjunto de actitudes ante determinados temas (raza, aborto,
liberación de la mujer, islamofobia…). Eso sí, una cristología de lo más
sorprendente, con un Jesús machote que podría acompañar a John Wayne en
alguna de sus aventuras.
Tampoco los pobres y mucho menos su
emancipación tiene un lugar central en su teología. Ni si quiera la mera
asistencia social. Lo suyo es la teología de la prosperidad: Dios elige a los
suyos, y esa elección se pone de manifiesto en su prosperidad material. El que
es pobre lo es posiblemente por sus pecados. Al fin y al cabo, Calvino y su
doctrina de la predestinación están en los orígenes del evangelismo.
Entre lo que he leído para preparar
la comunicación, está un libro de Kristin Kobes du Mez, Jesús y John Wayne. Cómo
los evangélicos blancos corrompieron una fe y fracturaron una nación, publicado
por Capitán Swing . Una de las virtudes de este libro es la de ayudar a entender como
Trump pudo ganar unas elecciones en su país. Y cómo puede volver a presentarse
con posibilidades de volver a ganar.
Y este libro ayuda a entender
también una inquietante afirmación de Margaret Atwood en el prólogo de su novela
El cuento de la criada: para escribir su libro se había basado en hechos
que había encontrado en la prensa. Ahí lo dejamos.
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