sábado, 18 de noviembre de 2023
La amabilidad del antisdisturbio
jueves, 9 de noviembre de 2023
Bares, qué lugares...
He sido especialmente feliz en varios sitios. En librerías (sobre todo en la cuesta de Moyano) y en bares. Cuando uno dice que ha sido feliz en la librerías,, se corre el riesgo de quedar como un pedante. Pero es cierto: encontrar un libro de Vázquez Montalbán o de Leonardo Sciascia descatalogados es un placer asumible para alguien que tiene un sueldo magro, por poner un adjetivo suave a mi sueldo.
Por otro lado, si uno dice que ha sido especialmente feliz en los bares, pues queda como un beodo. Pero las vivencias no están necesariamente vinculadas al consumo de alcohol o de alimentos fritos en aceites de dudosa calidad y excesivamente reutilizados. La felicidad provenía de compartir la cerveza o el kalimotxo con otras personas. Noches que se alargaban entre el humo, los minis y las conversaciones en un bar llamado La Pepita, en Malasaña, junto con con un grupo de freaks... Proust tenía una magdalena, yo el sabor del kalimotxo y las alitas de pollo. Cutre, pero feliz.
El caso es que en The Economist he leído un artículo titulado Apart, together, sobre tendencias en el consumo en países ricos. Básicamente dice el autor que si bien los indicadores macro, incluido el empleo, han vuelto a sus niveles previos al COVID, el consumo en los pubs y bares no se recupera. Los consumidores en los países ricos se han convertido en ermitaños. Consumen, sí, pero en sus casas, gastándose el dinero en bienes. Bicicletas estáticas, por ejemplo.
A mi me da que no es lo mismo pasar la tarde del sábado montando en bicicleta estática, viendo una serie, que pasarla jugando al risk o al trivial en La Manuela (lo mío son los bares con nombre de mujer, parece ser), con un rendimiento como jugador inversamente proporcional al número de gin tonics y a la hilaridad sobrevenida que el alcohol y la conversación producen. Y, de vez en cuando, el amor. Ya lo decía Gabinete Caligari: no hay como el calor del amor en un bar.
Es posible que si la lectora de estas líneas viva en esta fiesta de la hostelería que es la Comunidad de Madrid, argumente que aquí los bares están atestados. Pues sí, pero algo tiene que ver el fenómeno de la turistificación. Pero ese es otro debate.
Más solos, más aislados. Cambio antropológico. El neoliberalismo avanza victorioso en la lucha final.
viernes, 3 de noviembre de 2023
Netanyahu embarazado
Por un rato me gustará parecerme físicamente menos a Sancho Panza y más a Paul Newman en Éxodo. La película de Otto Preminger, basada en la novela homónima de Leon Uris, es una apología sionista: unos judíos muy buenos y unos palestinos muy siniestros.
He buscado relatos
y películas en las que se den intercambios de cuerpos y mentes. Relatos de
intercambios de fundas corporales (el concepto no es mío: gracias a la compañera que lo compartió conmigo). No
he encontrado gran cosa, menos que merezca la pena.
Pero me he puesto a fantasear: cómo sería mi vida con la percha de Paul Newman, y de ahí he pasado a pensar en
cómo resultaría el intercambio entre Netanyahu y una mujer palestina embarazada
y fuera de cuentas en Gaza. Y de ahí he pasado, poniéndome estupendo, a pensar en el papel del pueblo
palestino como mano de obra barata y sometida en la economía israelí, encerrada
en un bantustán como en el que los afrikaners pretendieron encerrar a los africanos
de color durante el apartheid (https://laboromniavincit2018.blogspot.com/2020/09/).
Porque me da que este conflicto se
puede resumir de la siguiente manera: las ultraderechas laica y religiosa israelíes se enfrentan a la ultraderecha religiosa palestina, según la opinión del
profesor de filosofía del derecho de la Universidad de Valencia Javier de
Lucas. A lo que añado que ambas sojuzgan a la clase trabajadora palestina de
Gaza. Con lo que el conflicto, en realidad, no es sino una expresión más de
lucha de clases. Quizás si la clase trabajadora israelí fuera consciente de su
sometimiento a las ultraderechas laica y religiosa y, rizando el rizo,
los trabajadores de la industria de armamentos tomaran conciencia de su ser
obrero y humano y se declararan en huelga mientras dure el conflicto, lo mismo
se paraba la masacre en Gaza.
Pero se me antoja que esta última
ensoñación va a ser difícil que se haga realidad. Tanto como que Bibi Netanyahu no se vea lo pies por
culpa de su avanzado estado de gestación. Tanto como que yo me mire al espejo y sonriendo me diga “qué
ojazos azules tienes, bribón”