sábado, 4 de abril de 2020

Historias para no dormir: una de estadísticas laborales



Las estadísticas son un arma política. Un arma arrojadiza. Se publica la Encuesta de Población Activa (EPA), y el Gobierno selecciona el resultado y la interpretación que le interesa, y se la arroja a la oposición. La oposición selecciona el resultado y la interpretación que le interesa y se la arroja al Gobierno. Para el Gobierno, los datos siempre son buenos o hay algo que recuperar. Para la oposición los datos siempre son malos, o hay algo especialmente malo en lo que meter el dedo. 

Unos y otros, enfermos de epatitis, sin h: sólo se acercan al empleo desde la óptica de la EPA, obviando cualquier otro instrumento de conocimiento del mercado de trabajo.

Gobierno y oposición, intercambian los papeles cuando alternan en el gobierno, como es lógico. Gobierno y oposición, hacen un teatrillo, como lo hacían Sagasta y Cánovas en tiempos de la Restauración. Recomendable la lectura de un libro de Paul Preston, Un pueblo traicionado, publicado por Debate, para saber cómo funcionaba el turno, el potencial corruptor de este sistema y las consecuencias que tuvo (y tiene) para el pueblo español.

Digo que hacen un teatrillo, porque hasta ahora que tenemos un gobierno de coalición, algo inédito y de que nos sabemos cómo evolucionará, Gobierno y oposición compartían dos axiomas económicos:

  • Frente al dilema de optar por controlar la inflación o generar empleo, siempre han optado por el control de la inflación. Optar, bueno, la Unión Europea nos quitó del todo esa opción. En 1958 un economista llamado W. Phillips publicó un trabajo que vinculaba el desempleo con la inflación, de manera que, simplificando, en contextos de bajo desempleo crecía el desempleo y viceversa. En 1969 dos pesos pesados del pensamiento económico Solow y Samuelson hicieron suyo el razonamiento, asentándose esta creencia. Aunque trabajos posteriores han cuestionado seriamente el trabajo de Phillips, y la curva que representa la relación entre empleo e inflación, las políticas macroeconómicas han tenido como objetivo el control inflacionario y no el pleno empleo. Deberes: ¿a quién beneficia esta opción?
  • Las grandes cifras de desempleo provocadas por la crisis del petróleo de 1973, hicieron que las políticas públicas de empleo tuvieran como objetivo la reducción del número de desempleados y no el mantenimiento de la calidad del empleo. Se podría haber optado por empleos de calidad y políticas sociales públicas, o por reducir la jornada laboral y repartir el trabajo. Pero no, se optó por generar empleo, fuera como fuera. Aunque hubiera que "falsear" la metodología de conteo de los desempleados. Deberes: ¿quién es un parado para la EPA?
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Dicho esto, creo que ha quedado claro mi poca confianza en las políticas públicas de empleo y en la  metodología de medición del desempleo. Recomiendo encarecidamente un libro de un profesor de sociología de la UNED, Juan Ignacio Martínez Pastor, titulado Los datos sin tapujos. Cómo interpretar y difundir las estadísticas sociales. 

Una de las cosas que Martínez Pastor recomienda a la hora de leer estadísticas sociales es contextualizarlas, comparar con países de nuestro entorno y ver la evolución en el tiempo.

Ahora viene el susto, contextualizado históricamente. En el siguiente gráfico se refleja la evolución del desempleo, a largo plazo, en los Estados Unidos:



Los picos de desempleo, de los 80 y 90 del siglo XX y el pico causado por la crisis de 2008, palidecen al lado del puntito rojo: es el nivel de desempleo en Estados Unidos, ahora mismo y claramente vinculado al COVID-19. 

La cuestión es saber cómo será la bajada y quién pagará las consecuencias. 

P.S. En Twitter se puede ver este gráfico en versión gif animado: https://bit.ly/39IRygu 















La importancia de los datos... verídicos


Según dice Enric Juliana, periodista de La Vanguardia, nada sospechoso de izquierdismo, el comité asesor del Gobierno es serio. En otro artículo del mismo diario (https://bit.ly/3bR4e6p) encontramos un bosquejo de sus cv. Sí, va a resultar que un profesor de la Universidad de Harvard o investigadores del Instituto de Salud Carlos III son la gente adecuada para asesorar al Gobierno. Luego el Gobierno, basándose en las aportaciones de este Comité, toma decisiones.

El Comité necesita datos fiables. Veamos el porqué de esta necesidad. En primer lugar, hay que construir un modelo matemático que relacione las variables relevantes en esta situación: número de enfermos, número de recuperados, número de fallecidos... A modo de ejemplo, recojo el modelo elaborado por el Grupo de Investigación Modelling Uncertainty Quantification del Instituto Universitario  de Matemática Multidisciplinar de la Universidad Politécnica de València:



El lector corriente se preguntará que pone ahí. Voy a intentar explicarlo de manera sencilla, y sin entrar a todas y cada una de las ecuaciones.

S(t) es el número de personas sanas  pero susceptibles de contraer la enfermedad en un día t. Así, S(t+1) es el número de personas que pueden caer enfermas al día siguiente. Aclarar que las personas sanas se pueden dividir en las susceptibles (no han cogido la enfermedad), las que están en cuarentena Q(t) y las personas que se han recuperado R(t)  y R(t+1) en las ecuaciones. 

El número de personas que mañana podrían coger la enfermedad, S(t+1), dependerá del número de personas susceptibles hoy S(t), de los suceptibles que están en contacto con personas contagiosas y que tienen una probabilidad de infectarse por ello, menos el número de personas susceptibles que no hacen cuarentena Q(t) y que tienen una probabidad de contagiarse y más el número de personas que respetan la cuarentena. Es decir, si todo el mundo respetase la cuarentena, el número de personas sanas crecería día a día, conforme los enfermos se recuperasen (R(t) o fallecieran F(t)), dado que no habría nuevos contagios. Por eso es tan importante la cuarentena y las medidas de precaución, como lavarse las manos. 

Por que si la gente deja de estar en cuarentena o no adopta medidas de precaución, se infectan y durante unos días no muestran síntomas, es decir, la enfermedad está latente: L(t). Y del estado de latencia pasarán al de infección I(t). No todos los infectados corren el mismo riesgo, por eso hablamos de poblaciones de riesgo, pero un número de ellos necesitarán ingreso hospitalario H(t) y, por desgracia, un número de ellos precisará cuidados en la UCI, U(t). Afortunadamente, de estos dos estados, H(t) y U(t), se puede salir bien pasando a planta desde la UCI, y esas personas se reflejan en el modelo. Pero también, se puede pasar a F(t), el fallecimiento. 

Por eso es tan importante el confinamiento, para que la mayor parte de la población se mantenga en un el estado Q(t) y no pase al estado S(t), susceptible, es decir, que se puede contagiar. Porque el número de fallecidos F(t) se nutre de los susceptibles. 

Claro está que los matemáticos no resuelven estos sistemas de ecuaciones a mano, entre otras cosas, porque son cálculos largos y, en ocasiones, no existe la manera de resolverlos de manera exacta, si no que hay que recurrir a métodos numéricos con el apoyo del ordenador. Se usan para ello programas informáticos que generan simulaciones, como el programa Vensim. Lo que se hace es introducir unas "cajas" con los diferentes estados por los que puede pasar una persona (susceptible, latente, infectado...) y unas líneas que conectan unos estados con otros, si se puede pasar de un estado a otro directamente. Por ejemplo, se puede pasar de susceptible a latente directamente, pero no de suceptible a fallecimiento, sin pasar previamente por latente e infectado.


También hay que introducir esas letras, algunas de ellas griegas, que acompañan a los estados en las ecuaciones y en diagrama: δ, β, ϒ... que, entre otras cosa, pueden recoger probabilidades y tasas: de infectarse, de recuperarse, el promedio de días que tarda la enfermedad en manifestar síntomas...

El valor de estos coeficientes, de estas letras griegas, no se lo sacan los investigadores de la chistera. Estos valores los obtienen de trabajo diario de los médicos. Si se afirma que la enfermedad tarda entre cinco y quince días en manifestarse no es porque el doctor Simón haya tenido una revelación, sino porque se han recogido datos en los centros de salud y en los hospitales. 

Una vez introducido todo en el programa (estados por los que puede pasar una persona, relaciones entre estados y los coeficientes, se puede llevar a cabo una simulación. La simulación nos dará unos resultados: número de personas susceptibles, número de personas en estado latente, número de personas infectadas... Previsiones, no un número exacto.

Por ejemplo, el MUNQU proporciona el siguiente resultado para el número de infectados. Según ellos, hemos pasado el pico de la epidemia.



A partir de estos resultados, el Gobierno puede tomar decisiones de manera racional: alargar o no el confinamiento, parar el sistema productivo no esencial. 

Pero claro, todo se basa en la información estadística, en los datos recabados por las autoridades sanitarias. Y en nuestro país, sorpresa, el sistema sanitario está descentralizado, depende de las Comunidades Autónomas, que pueden decidir, por ejemplo, que los ancianos muertos en las residencias de mayores no contabilicen como fallecidos por culpa del COVID-19, o que no se contabilicen a las personas fallecidas en su domicilio si no se le ha hecho un test.

A nivel internacional, cada país contabiliza a su manera, de manera que en España ya hay más fallecidos que en China, o en Alemania no se muere casi nadie: https://bit.ly/2JFZiFA

Pero ocultar información sólo servirá para dificultar el trabajo de los investigadores, que son al final quienes nos salvarán de ésta y de las futuras epidemias.

Una nota de humildad matemática. Lo que construyen los matemáticos son modelos, es decir, una versión simplificada de la realidad. No tiene la misma probabilidad de infectarse una persona sana que una inmunodeprimida, ni de fallecer una persona sana y un asmático. Por lo que hay que mejorar constantemente los modelos. Además, hay factores que se pueden escapar a la hora de diseñar el modelo (¿influirá la contaminación ambiental?) y factores sociales a incorporar (disponibilidad de acceso agua potable, sistema sanitario universal, desigualdades de renta...).

Agradecimientos.

A mi amigo Jesús, que ha perdido a una referencia importante en su vida por culpa del coronavirus, y que fue el me envío el enlace al estudio de la UPV. Gracias por tu amistad, y por hacerme recordar lo importante que somos los matemáticos para mejorar la vida de las personas. 

A los matemáticos del MUNQU, por su rigor y por su esfuerzo por crear un modelo matemático que funcione. Durante unos días no dieron predicciones porque el primer modelo que crearon dejó de funcionar. Tuvieron la honestidad intelectual de decirlo y el coraje de seguir trabajando para generar un nuevo modelo. Para beber de la fuente original: https://covid19.webs.upv.es/index.html

Al doctor Fernando Simón, por no dormir y por demostrar que para desempeñar un cargo de relevancia no es necesario comprarse un traje, sino haber estudiado y saber de qué se habla. Sus jerseys, preciosos. Espero que se recupere pronto.

martes, 7 de enero de 2020

¿Hacia dónde va esta economía? Homenaje a Immanuelle Wallerstein

El 31 de agosto de 2019 falleció Immanuel Wallerstein, autor de una obra monumental: El moderno sistema mundial. Hasta el fallecimiento de Wallerstein, la editorial Siglo XXI había publicado cuatro volúmenes. En una obrita más breve, una especie de síntesis de 100 páginas, El capitalismo histórico, Wallerstein respondía a la cuestión de cuál es el "ADN" del capitalismo: patriarcado, guerra, mercantilización de todo lo existente. depredación... Lo que sigue, lo publiqué en Redes Cristianas:

"Un chascarrillo dice que los economistas pasan la mitad del tiempo diciendo lo que va a ocurrir, y la otra mitad del tiempo explicando por qué ha pasado otra cosa diferente a la predicha. A pesar de ello, a los economistas les gusta creer que su disciplina es similar a la Física, y que pueden hacer predicciones, de la misma manera que un físico conociendo el estado inicial de un sistema y las ecuaciones que lo modelan, puede predecir con un margen de error el estado final de dicho sistema. Pero la economía no es una ciencia exacta. La supuesta pretensión cientificista de los economistas, especialmente de los neoliberales, se sostiene sobre una serie de axiomas que, cuanto menos, son cuestionables.
A modo de ejemplo, se supone que todos los actores económicos son racionales y disponen de la misma información y que pueden acceder en igualdad de condiciones en los mercados. Piense el lector si está en condiciones de entrar en el negocio bancario, si dispone de la misma información que Patricia Botín. En cuanto a la racionalidad de los actores económicos, piensen en el comportamiento de los consumidores en Navidad o en época de rebajas. La economía es una ciencia, sí, pero social. Y detrás de ella hay supuestos ideológicos más que fundamentos matemáticos.

Dicho esto, el modelo económico hegemónico, el capitalismo, tiene una serie de rasgos, una suerte de código genético que si nos permitirá hacer un vaticinio de hacia se dirige la economía. El capitalismo es un sistema social histórico cuyo rasgo identitario nuclear es el de acumular capital que será invertido, a su vez, para poder acumular más capital. Cualquier otra consideración, de tipo ético o moral, es secundaria. El objetivo es acumular capital, por encima de las personas o del medioambiente, por ejemplo. El capitalismo nos lleva a la destrucción del planeta. Sin más.

Un segundo rasgo identitario del capitalismo es la mercantilización de la realidad. Se extiende la mercantilización a todo: desde los bienes comunes y los recursos naturales, a las relaciones humanas, pasando por la sexualidad y propia reproducción humana. Que haya quien proponga que existan vientres de alquiler no es más que la expresión lógica del código genético del capitalismo. El capitalismo nos aboca al desastre ambiental, pero también a un nefasto cambio antropológico en el que la gratuidad, la fraternidad, el altruismo… no tienen cabida.

Pero además, esta tendencia genética del capitalismo a mercantilizar todo lo existente, va acompañado de otro rasgo identitario: la producción jerarquiza las actividades humanas en útiles o no, según generen capital o no. Eso explica que las tareas de cuidado, las labores de reproducción de la mano de obra, sin las cuales no habría obreros disponibles para trabajar, no han tenido históricamente ningún valor. Y, en consecuencia, el rol secundario de la mujer.

En una Europa sumergida en el invierno demográfico, el capitalismo necesitado de mano de obra hará que las mujeres vuelvan a su rol de madres, al tiempo que la disminución de la tasa de la población activa `provocada por este hecho, se suplirá con jornadas laborales más extensas. Es lo que está ocurriendo en Hungría. El capitalismo nos lleva al desastre ecológico, a un cambio antropológico y a más explotación y a más patriarcado.

En paralelo de la expansión de la esfera productiva, desde los propios orígenes del sistema capitalista en el siglo XVI, en busca de mano de obra y de recursos naturales, conocía una expansión geográfica. Este proceso de expansión determinó una jerarquización del espacio geográfico, existiendo un centro superior jerárquicamente, y una periferia subalterna ajena a los procesos decisorios. Basta marcar la trayectoria que sigue cualquier materia prima (café, coltan, soja…) desde el lugar en el que se produce hasta el lugar en el que se consume para conocer donde se ubica el centro y la periferia.

La tendencia genética del capitalismo es que cada se acumule más en el centro y que éste sea más y más reducido. El centro será más rico a costa de una periferia empobrecida: acumulación por desposesión, citando a David Harvey. Pero ninguno de los centros, reales o potenciales, quiere dejar de serlo para pasar a ser periferia. Las tensiones entre China y Estados Unidos evidencian esta afirmación. El capitalismo va inexorablemente unido al uso de la fuerza. Todos los procesos de colonización acaecidos desde el siglo XVI así lo ponen de manifiesto. El colono siempre iba precedido del soldado. Cojamos cualquier conflicto bélico actual, desde Siria a Yemen, pasando por Congo, y tendremos una explicación económica detrás. El capitalismo nos lleva al desastre ecológico, a un cambio antropológico, a más explotación, a más patriarcado, a más desigualdad y a más guerras.
El último rasgo genético del capitalismo que aquí recogemos es el carácter cíclico de sus crisis. Que el capitalismo padece periódicamente crisis es un hecho demostrado por Mandel y otros muchos autores. Marx nos enseñó que el sistema capitalista, formando parte de su código genético, tiene una serie de contradicciones que provocan crisis y que le llevarán a un colapso final. Sumando a este hecho a carácter cada vez más financiero y menos vinculado a la producción real de bienes y servicios, se puede vaticinar que las crisis serán más imprevisibles, al depender de un mercado tan volátil como el financiero, y con consecuencias más hondas. 

En definitiva, la economía capitalista se dirige y nos lleva al desastre ecológico, a un cambio antropológico, a más explotación, a más patriarcado, a más desigualdad, a más guerras y a crisis más imprevisibles y de calado más hondo".


jueves, 2 de enero de 2020

Casas de apuestas... en los barrios pobres


Garito: ganancia que saca la casa de juego.

A comienzos de los años ochenta del siglo pasado, la heroína hizo estragos en los barrios de las grandes ciudades de España. Las consecuencias de aquel fenómeno son por todos conocidas: muerte, enfermedad, prisión, sufrimiento de las familias, delincuencia… Hay quien dice que, en un momento de efervescencia política, la droga fue introducido por los poderes fácticos como instrumento de control social: el toxicómano, cuya adicción física y psicológica no le permite pensar en otra cosa que en la sustancia de la que depende, no se implicaría en la lucha política, sindical o vecinal que floreció al finalizar el franquismo. 

Han pasado cuarenta años, y la heroína regresa. En Estados Unidos se ha convertido en un problema de salud pública, con consecuencias directas sobre el PIB. Los americanos todo lo miden en términos de PIB. Pero no es la única droga que debe preocuparnos. Demos un paseo por la calle Marcelo Usera abajo, desde la plaza Elíptica hasta la glorieta de Cádiz. Contemos el número de casas de apuestas: once, doce locales. Esto sólo es un indicador del rápido crecimiento de este sector. En julio de 2019 había en la ciudad de Madrid 378 locales dedicados al juego. Tan suculento es el negocio, junto con el del juego on line,  que los fondos de inversión internacionales están invirtiendo en esta actividad.
Las consecuencias de la proliferación de las casas de apuestas, como en el caso de la heroína, también son graves. La afición al juego puede desembocar en ludopatía o juego patológico. Una adicción, que afecta gravemente a la economía familiar e individual del ludópata y, con ello, al resto de áreas vitales de la persona y el sistema familiar. Para seguir haciéndonos una idea de la dimensión del problema, en la Comunidad de Madrid el número de personas con problemas de ludopatía ha pasado en cinco años de 4.227 a 17.735. Es decir, se ha multiplicado por cuatro.

 Además, como ocurrió en los años ochenta con la heroína, las principales víctimas del juego patológico son jóvenes. Con el juego, las casas de apuestas ofrecen bebida y comida y se pueden ver eventos deportivos televisados en tiempo real. De esta forma, mientras arruinas tu salud y tu economía te puedes entretener. En realidad, se reducen los motivos por los que el jugador tenga que interrumpir su conducta adictiva. A la escasa oferta de ocio saludable (en sentido amplio) se suma el desempleo como factores de riesgo entre los jóvenes.

Por otro lado, y de nuevo como ocurrió con la heroína en los años ochenta, la distribución de los establecimientos dedicados a los juegos de azar no es, sarcásticamente, azarosa. Según un informe de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid, “se identifican fuertes aglomeraciones en Aluche-Vista Alegre-San Isidro, Moscardó-Almendrales, San Diego-Numancia, Sol, Bellas Vistas y Quintana. Más en concreto, en esos espacios sobresalen determinadas calles y sus entornos: Bravo Murillo, Alcalá, Marcelo Usera, General Ricardos, avda. de la Albufera… Se advierte una muy clara vinculación en la implantación de los ejes comerciales de carácter distrital y áreas de gran afluencia de público”.

¿Qué hacen los poderes públicos? Poco o nada. Dos anécdotas que pueden acabar elevadas a categorías. En las primeras y fracasadas negociaciones entre Unidas Podemos y PSOE para formar gobierno, Unidas Podemos propuso una regulación estricta del sector, a lo que el PSOE respondió que éste era un sector demasiado fuerte como para intentar regularlo. Por otro lado, el ministro de Justicia del último Gobierno de Rajoy, Rafael Catalá, al dejar el cargo pasó a ejercer un puesto de asesor en Codere, una de las grandes empresas de juegos de azar. Su misión, reveladora: mediar con todas las formaciones políticas para establecer un marco legal que no perjudique a la empresa. El garito: siempre gana la banca

Notas.

1. Un mapa interactivo con la localización de los locales de juego en la Comunidad de Madrid, publicado por La Marea: https://www.lamarea.com/2019/10/29/mapa-casas-apuestas-madrid/ 



martes, 26 de noviembre de 2019

Dos días, una noche

El argumento es sencillo. Sandra, trabajadora de una fábrica de placas solares interpretada por  Marion Cotillard, ha estado de baja. Al reincorporarse se encuentra con que el dueño de la empresa plantea al resto de los trabajadores un dilema: o despide a Sandra o tienen que renunciar a la paga extra. ¿Qué hará Sandra? ¿Qué harán sus compañeros? El que quiera saber la respuesta, que vea la película. Aquí, nada de spoiler.

Sin banda sonora, sin efectismo, sin retórica. Minuto a minuto, Sandra hace que su historia sea la nuestra. Secuencia tras secuencia vemos lo que es la precariedad; las consecuencias del desempleo sobre la salud mental y física de las trabajadoras; entendemos qué es eso de los trabajadores pobres; las consecuencias que tiene para la familia el paro; la inmigración y la pobreza laboral... Vemos misería y solidaridad. Y el orgullo de las que luchan, venzan o no.

Lo que no vemos son sindicatos, o al menos hay que buscarlos elípticamente y renconocerlos en un par de compañeros de Sandra. 

Si en la última película de Ken Loach no encontramos ni un ápice de esperanza, en Dos días y una noche, tardamos en encontrarla, pero la encontramos.



La ficha de la película en Filmaffinity 

jueves, 21 de noviembre de 2019

Sorry we missed you


John Berger (1926-2017), escritor, pintor y crítico de arte, publicó un libro titulado Modos de ver. Un libro que dio lugar a un programa en la BBC o viceversa, no lo sé. Berger nos enseña a acercarnos a la obra de arte, a ver y no sólo a mirar. 

Una de las obras de arte que analiza Berger es un cuadro titulado Vanidad,, de Hans Memling. Una mujer desnuda sostiene un espejo de mano en el que se contempla. No hay mejor manera de expresar plásticamente este pecado capital. Pero Berger, que nos está enseñando a ver, da un giro. Esta lectura moralizante es hipócrita. A Memling le gusta el cuerpo desnudo de la mujer, se recrea en él, disfruta de la contemplación de la modelo. Pero en su época, no es posible pintar una mujer desnuda por puro placer. Un espejo y el machismo lo solucionan todo: vanidad femenina, ni rastro de la lujuria masculina. 

Berger nos enseña a ver el arte y la realidad social que hay detrás. Las artes plásticas, la literatura, el cine nos permiten conocer, de manera indirecta, los procesos sociales que los científicos estudian mediante sus técnicas de investigación. Para conocer la situación de la clase trabajadora urbana del primer tercio español, podemos leer a los historiadores Tuñón de Lara y Núñez de Arenas (Historia del movimiento obrero español, Nova Terra, Barcelona 1979). Y podemos leer la trilogía autobiográfica de Arturo Barea, La forja de un rebelde. Luis Martín Santos nos muestra la vida en las chabolas del extrarradio madrileño en Tiempo de silencio. Vittorio de Sica nos acerca a la vida de un trabajador italiano en la inmediata segunda postguerra mundial en El ladrón de bicicletas. Nos podríamos pasar páginas y más páginas con listado de novela y cine social. Si alguien le interesa, en el caso concreto del cine, en el repositorio de la Universidad de Murcia está colgado un TFM, elaborado por J. Hernández Rubio,titulado El movimiento obrero en el cine. 161 paginas, por si alguien no concilia bien el sueño.

Como todo: la calidad va por barrios. Los riesgos son múltiples. El autor puede caer en el adoctrinamiento panfletario, como en el burdo realismo socialista soviético, con obreros y obreras de cara decidida, musculosos, demiurgos creadores del resplandeciente futuro de la Humanidad liberada. Puede caer en el maniqueísmo, separando víctimas de victimarios, olvidando que el papel de victimario no se siempre se elige libremente, o que ambos papeles pueden ser jugados por la misma persona en diferentes situaciones. Puede ser banal, no entrando en profundidad a las casusas y a las consecuencias. Puede ser soporífero, creando una disertación más que película. Puede carecer de calidad estética o, por el contrario, caer en el esteticismo.


Creo que, en general, Ken Loach logra escapar de estos riesgos. Loach no necesita presentación, y no creo que haya algo novedoso que decir del ganador de dos Palmas de Oro del festival de Cannes. Su dilatada filmografía, desde sus primeras películas como  Kes donde el protagonista es un adolescente de clase obrera predestinado al trabajo no cualificado cuando salga de la escuela, hasta la última 
Sorry we missed you nos sirven para ver y no sólo para mirar la realidad de las trabajadoras del último tercio del siglo XX y comienzos del XXI.

En Sorry we missed you no vamos a encontrar trabajadores. La clase obrera está tan derrotada que ha perdido hasta la más superficial seña de identidad. Como nos enseñó Robert Castel, ha sido vencida y ha dado paso al precariado y al cuidatorio (los trabajadores dedicados a tareas de cuidado).
Un precario y una cuidatoria, junto con sus hijos son los protagonistas de esta historia. No contaremos nada de la película, sólo que nos muestra de manera cruda como es el trabajo en las sociedades postindustriales, y cuáles son las consecuencias para los individuos y sus familias.
Loach consigue que hasta las piedras empaticen con los protagonistas de la película. Pero si lo que buscamos en un signo de esperanza, un atisbo de que la economía puede cambiar y ponerse al servicio de las personas, id a ver otra película.